Un soplido para la eternidad

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Mientras la sonda espacial Parker Solar Probe (PSP) sigue con sus ojos bien abiertos explorando el entorno próximo al Sol, a una distancia de 13 veces el radio de nuestra estrella, la comunidad científica lamenta la pérdida de Eugene Parker. Este nombre quedará inmortalizado en la misión PSP, pero principalmente en la historia de la ciencia y en particular del entendimiento de la física del Sol.

A los 94 años, fallecía la semana pasada Parker, uno de los físicos más importantes del siglo 20, un verdadero visionario que trabajó incansablemente para entender procesos que involucran plasmas y campos magnéticos en el universo, principalmente en el Sol.

Uno de sus aportes más destacados se enmarca en la teoría que desarrolló a mediados de la década de 1950 y que predecía la existencia de un flujo constante de material que salía del Sol, a velocidades supersónicas. Al estar tan caliente la corona solar – la capa más externa de la atmósfera del Sol – debía expandirse. Parker le denomina viento solar, al flujo expansivo compuesto principalmente de protones y electrones que logran escapar de la atracción del Sol. Requieren para ello de la energía suficiente para superar la velocidad de escape, de  unos 600 kilómetros por segundo. Para la Tierra la velocidad de escape es de tan solo 11 kilómetros por segundo. 

En los primeros años, la idea del viento solar no tuvo plena aceptación en la comunidad científica. Afortunadamente, el momento coincidía con el inicio de la exploración del espacio con satélites. Tan solo unos meses antes de la publicación de la investigación de Parker, se lanzaba el primer satélite artificial, el Sputnik 1, y en los años siguientes nuevos satélites con detectores de partículas fueron sembrando el camino, para que finalmente  en 1962 se confirmara la existencia del soplido del Sol. Lo conseguía la misión Mariner 2 en su viaje hacia el planeta Venus, al detectar el flujo continuo de viento solar; pero además encontraba una componente rápida y otra lenta, fluctuando entre 400 y 700 kilómetros por segundo.

Entender en profundidad las implicaciones del viento solar, sigue siendo en la actualidad un objetivo crucial de la heliofísica, como se denomina al aérea de investigación que estudia el Sol. Las ráfagas de viento solar han sido determinantes en todo el entorno interplanetario, y son un ingrediente fundamental del clima espacial. Desde ser capaz de barrer la atmósfera de un planeta que no este protegido por su campo magnético -el caso de Marte- pasando por generar las vistosas auroras, hasta las posibles consecuencias adversas sobre la tecnología desarrollada por los humanos, el viento solar es protagonista en las condiciones de nuestro entorno planetario. 

Parker, como pocos, dio un impulso a la heliofísica y al interés por entender los detalles de la interacción del Sol con el medio interplanetario. Aunque no obtuvo el Premio Nobel de Física, pese a que muchos esperábamos la noticia cada año, recordaremos su cara de niño emocionado aquel 12 de agosto de 2018 cuando despejaba desde Cabo Cañaveral la misión PSP, sabiendo que nuevos y emocionantes descubrimientos estarían a la vuelta de la esquina, y su nombre mas cerca de la estrella que tanto amó.

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