La ciencia que asciende en globo

Uno de los viajes que tengo pendiente, es el aventurarme en una travesía en globo. Un buen momento sería coincidiendo con la celebración del día del acenso en globo, que conmemora el vuelo del inventor francés Jean Pierre Blanchard, ocurrido el 9 de enero de 1793, ante la mirada atónita de los habitantes de la ciudad de Filadelfia en los Estados Unidos. Si hoy nos sigue sorprendiendo el ascenso de un enorme globo volador, para la época debió que ser algo casi mágico que permitía conquistar los cielos.

El ascenso de cerca de 400 metros de Blanchard, era el primer vuelo en globo aerostático en América, y allí estaba el presidente George Washington, y otros 4 futuros presidentes norteamericanos, para verlo con sus propios ojos. Sin embargo, Europa ya tenía varios vuelos a cuestas; el propio Blanchard había cruzado el Canal de la Mancha, y el primer viaje tripulado por humanos en globo del mundo había tenido lugar en Francia en 1783, en uno de aire caliente construido por los hermanos Montgolfier. 

Fantásticas aventuras en globo llenaron rápidamente las mentes de los que soñaban con viajes de exploración de la Tierra, e incluso de viajes al espacio en pleno siglo 19. Son bien conocidas las hazañas narradas en las novelas de Julio Verne, siendo “cinco semanas en globo” o “la vuelta al mundo en 80 días”, las más populares. Menos conocida es la incomparable aventura de un tal Hans Pfaall, quien emprende un viaje en globo a la luna. En esta historia de ficción, escrita por Edgar Allan Poe, el autor quiso reflejar la maravilla de un viaje extraordinario que, debido a las limitaciones del globo, solo es posible realizar en la imaginación. 

Y es que, aunque el globo representa el primer transporte aéreo de la historia, elevarse en el depende necesariamente de la existencia de atmósfera y su fuerza de empuje, o sustentación, por lo cual esta restringido a vuelos de unas pocas decenas de kilómetros de altura. Pero esto no significa que no podamos explorar el cosmos en globo. 

Gracias a su ascenso a 5000 metros en un globo aerostático, equipado con electroscopios, para medir carga eléctrica, el físico Victor Hess encontró en 1912 una radiación de gran poder penetrante que entra en nuestra atmósfera desde arriba, los rayos cósmicos, por lo cual estaría recibiendo el Premio Nobel del Física 24 años mas tarde. 

Actualmente globos aerostáticos, hasta del tamaño de un campo de futbol, surcan los cielos a casi 40 kilómetros de altura llevando experimentos y telescopios para observar y estudiar el universo mucho mejor, desde una lugar donde la tenue atmósfera no distorsiona las imágenes, y con costos astronómicamente menores que si se lanzaran al espacio. En el futuro, el turismo espacial permitirá también a cientos de pasajeros darse unos buenos, suaves y cómodos paseos estratosféricos para ver a la Tierra en la inmensidad del espacio. ¡Las reservas para estos viajes ya están disponibles!

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