Los fuegos artificiales: química a todo color

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La última noche del año se caracterizó, como es costumbre desde hace ya varias décadas, por espectáculos en diversas ciudades a lo largo y ancho del planeta, en donde los fuegos artificiales fueron el plato fuerte de la velada. Las impresionantes luces de colores anuncian el comienzo del nuevo año y son vistas por millones de personas.

Tan solo en Sydney (Australia), una de los primeros lugares en recibir el 2018, cerca de 10 toneladas de artefactos pirotécnicos fueron lanzados desde barcos en la bahía.

La pirotecnia tiene su origen en China, con la invención de la pólvora. La primera referencia a ella fue encontrada en documentos escritos hace 19 siglos por un alquimista chino llamado Wei Boyang, quien al parecer estaba buscando una poción mágica para ser inmortal y usó una mezcla de tres polvos que al encenderse ‘volaban y bailaban violentamente”.

El carácter explosivo de la mezcla de salitre, carbón y azufre, reducidos a un característico polvo negro combustible, hizo que la pólvora fuera gradualmente usada con fines bélicos, para el desarrollo de armas que comenzaron a tener un auge entre los siglos VII a X. A partir de allí el secreto de los chinos se filtró, extendiéndose al Medio Oriente y llegando a Europa -se usó por primera vez con fines bélicos al norte de Francia en la Batalla de Crécy, en 1346 – y luego introducida a América durante La Conquista.

La pirotecnia fue perfeccionándose poco a poco, tanto para intereses militares como para ser usada en celebraciones. El cielo comenzó a llenarse de fuegos artificiales durante las festividades, y Europa comienza a liderar el desarrollo científico en el área. Durante el Renacimiento surgen dos escuelas de investigación en pirotecnia, una en Italia y otra en Alemania. 

Pero faltaba algo que tuvo que esperar hasta el siglo XIX, hacer fuego de colores con el uso de la química en todo su esplendor:  estroncio, calcio, sodio, bario y cobre podían generar destellos de color rojo, naranja,  amarillo, verde y azul respectivamente. Este conocimiento fue también esencial para el desarrollo de la espectroscopía, la técnica  usada ampliamente en astronomía para indagar sobre los componentes de cuerpos en el universo, desde estrellas hasta galaxias distantes.

Luego de este gran salto y con la industrialización de su fabricación, la pirotecnia populariza en todo el planeta, hasta convertirse en un problema debido su manipulación no controlada que genera gran cantidad de muertes y desastres año tras año.

Nuevas innovaciones para espectáculos de fuegos artificiales se siguen proponiendo. Para la ceremonia inaugural los Juegos Olímpicos en Tokio 2020 se está planeando una nueva versión de ellos que parece más bien una “lluvia de estrellas” artificial. Para ello se enviarán al espacio pequeños satélites cargados con cientos de “bolitas” que serán lanzadas hacia la Tierra de manera que sean incinerados debido a la fricción con la atmósfera terrestre en su reingreso al planeta, a unos 80 kilómetros sobre la superficie. El espectáculo será visible en un área de 200kilómetros, casi 500 veces más que la de los fuegos artificiales que conocemos.

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