El día sin sombra

Sin sombras, los espacios no se pueden experimentar en su totalidad, suelen resaltar los que trabajan en arquitectura. La sombra influye en nuestra experiencia perceptiva y emocional de tales espacios, pero también revela su tridimensionalidad y nos hace percibir texturas. Por ello, es mucho mejor mirar los detalles de la Luna cuando se encuentra parcialmente iluminada (en fase creciente o menguante), que durante los períodos de Luna llena, debido a que en el primer caso brotan sombras producto de incidencia lateral de la luz solar sobre la topografía lunar de cráteres, valles, montañas y diversas formaciones geológicas.

La selenografía, ciencia que estudia la topografía de la Luna, tomó un fuerte impulso a partir de las observaciones con telescopio a comienzos del siglo XVIII, en donde se destacan los dibujos de Galileo que resaltan algunos de los accidentes topográficos  de una Luna parcialmente iluminada, desconocidos hasta ese momento.

Hemos nacido con una apreciación natural de la luz y la sombra, jugamos desde temprana edad persiguiendo nuestra sombra, y el Sol ha sido el principal cómplice en tales aventuras. Por eso, parece curioso pensar en salir a la calle en un día soleado y no reconocer nuestra sombra en el suelo. 

Aunque raro, este fenómeno tiene lugar durante el denominado día cenital. Tal día, en un instante preciso, el Sol se encuentra justo sobre nuestras cabezas, en el punto denominado “cenit”, y sus rayos caen totalmente perpendiculares al suelo, por lo cual la sombra de una persona desaparece; en realidad la sombra quedaría bajo sus pies.  El efecto elimina las sombras de los objetos durante unos minutos, hasta que poco a poco vuelven a aparecer a medida que el Sol continua su movimiento aparente en el cielo, alejándose del cenit.

El día sin sombra solamente se produce dentro de la zona intertropical, entre el Trópico de Cáncer y el Trópico de Capricornio, que justamente se definen como los lugares de mayor y menor latitud en la Tierra (23.5º Norte y 23.5º Sur) para los cuales los rayos solares inciden de manera perpendicular; lo que ocurre durante el solsticio de junio y de diciembre, respectivamente.

SI nos encontramos fuera de la zona intertropical, y como consecuencia de la inclinación del eje de rotación de la Tierra (23.5º), el Sol nunca podrá ser visto justo sobre nuestras cabezas, y en estas regiones el Sol siempre impactará de manera oblicua.

El 22 de septiembre, día del equinoccio, se vive el día cenital en los lugares ubicados en la mitad del mundo; los rayos del Sol inciden frontalmente sobre la línea ecuatorial terrestre, y en los siguientes días lo experimentarán en lugares del hemisferio sur hasta llegar al Trópico de Capricornio en el solsticio de diciembre, el lugar mas extremo al sur del planeta en donde podemos tener al Sol justo sobre nuestras cabezas.

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