El principe astrónomo de Afganistán 

La ubicación geográfica de Afganistán lo ha convertido en sitio de encuentro de varias civilizaciones y en un entorno histórico propicio para el intercambio cultural y científico. Sin embargo, esta región se ha enfrentado a situaciones, como la que vive actualmente, donde la acción de extremistas crea consternación, miedo y un manto de violencia que cubre a la sociedad.

Algunos sostienen que Afganistán podría ser hoy un lugar diferente si el denominado “gran principe astrónomo” no hubiera sido asesinado a manos de extremistas musulmanes en el año 1449. Su nombre era Ulugh Beg, que puede traducirse como gran príncipe, nacido en 1394 y descendiente de una estirpe de conquistadores donde su abuelo era Tamerlán, último de los grandes conquistadores nómadas de Asia central. El imperio timúrida, fundado por Tamerlán, tuvo un destacado protagonismo durante el reinado de su nieto Ulugh, quien fomentó intensamente las artes y las ciencias.

Ulugh tuvo especial interés por la astronomía y construyó un gigantesco observatorio astronómico en 1428 en la ciudad de Samarcanda (actual Uzbekistán) al que se le denominó Gurjani Zij, bellamente decorado de azulejos con patrones de estrellas. Entre sus instrumentos contaba con sextantes de hasta 36 metros de radio, y colosales relojes de Sol (gnomon) de 50 metros de altura, con los cuales determinó el año sidéreo en 365 días, 6 horas, 10 minutos y 8 segundos (con un error de menos de un minuto); valor que tardaría casi un siglo en ser levemente mejorado por Copérnico.

Los aportes científicos del observatorio incluyeron un catálogo de 992 estrellas, que mejoraba las famosas tablas de Ptolomeo y que fue usado por al menos dos siglos, sumado al estudio preciso de los movimientos de Venus, Marte, Júpiter y Saturno. Ulugh era también un gran matemático, que se destacó en áreas como la geometría y la trigonometría.

El observatorio de Ulugh es considerado uno de los mas destacados del mundo musulmán de su época, un completo centro para el estudio de las estrellas, que en su esplendor tuvo alrededor de 70 astrónomos trabajando, dando especial atención a la formación de estudiantes.

El interés por la ciencia irritó a algunos extremistas musulmanes quienes, por orden de su propio hijo ansioso de poder, asesinaron a Ulugh en 1449. Tras su muerte, comenzó el declive de la ciudad de Samarcanda, y el observatorio fue destruido y sepultado durante siglos, hasta que el arqueólogo ruso Vladimir Viatkin lo redescubrió en 1908. 

Hoy reconstruido y abierto al público, recibe a sus visitantes con la inscripción de la famosa frase de Ulugh:  “La religión se dispersa como la niebla, los reinos perecen, pero las obras de los eruditos permanecen por una eternidad”

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