La espada espacial

Aventura que se respete, al menos en la ciencia ficción y en las historias de fantasia, cuenta con escenas de acción acompañadas de heroes y villanos, al lado de armas épicas. Cómo olvidar la espada láser de Luke Skywalker en la Guerra de las Galaxias, o la espada aguja de Arya Stark en Juego de Tronos. 

Justamente las espadas, un ingrediente esencial para aliñar innumerables y legendarias batallas, han acompañado a los seres humanos desde épocas milenarias. Nuestra especie ha fabricado espadas desde la Edad de Bronce, alrededor del siglo XVII a.C, pasando por la Edad de Hierro, hasta llegar a la Edad Media y la Edad Moderna. 

Una simple hoja de metal afilada y su empuñadura, han sido la principal compañía de reyes y caballeros, conquistadores y libertadores, aliados y enemigos; siglo tras siglo. Simple, es un decir, porque la fabricación de estos artilugios metálicos ha sido todo un arte para diversas culturas. Incluso en la actualidad, se pueden encontrar iniciativas dentro del área de la ciencia de materiales, para reemplazar los antiguos métodos de ensayo y error usados en la fabricación de espadas, con tecnología moderna. El objetivo es crear la espada perfecta; con una afilada y duradera hoja, alta tolerancia térmica y resistencia a la corrosión, entre sus principales características. 

Greg Olson, un profesor de ingeniería en Estados Unidos, consiguió hace pocos años fabricar una espada de acero casi indestructible, de casi un metro de longitud, a la que bautizó con el nombre de Dragonslayer. Su intención, más allá de cumplir el sueño de los armeros medievales, era publicitar su nueva empresa que trabaja con aleaciones de acero. Para la espada, utilizó hierro extraído del meteorito Nandan, caído en China a finales del siglo XV, al que añadió otros metales; con los que obtuvo una aleación de acero 10 veces más resistente que el utilizado en la fabricación de múltiples herramientas.

Esta historia nos recuerda a la legendaria espada Escalibur, perteneciente el Rey Arturo, cuyas supuestas propiedades mágicas provenían del hierro de meteoritos del cual estaba hecha. Posiblemente, fabricar herramientas con material de meteoritos es mas común de lo que se pudiera pensar. La tribu Nama en Namibia, hace ya varios siglos, usaba para la fabricación de sus herramientas un material que años después se identificó como restos del meteorito Gibeon. Recientemente el maestro herrero Yoshindo Yoshiwara fabricó con fragmentos de este mismo meteorito una katana samurai, la Kataka Tentetsutou, o “espada de los cielos” que se encuentra expuesta en Tokio. 

Y, para no ir tan lejos, en Colombia, una de las espadas del libertador Simón Bolivar estaba hecha con un fragmento del meteorito de Santa Rosa de Viterbo, que había caído  en Boyacá el 20 de abril de 1810. El naturalista francés Jean-Baptiste Boussingault le haría la siguiente dedicatoria: ”Esta espada ha sido hecha con hierro caído del cielo para defensa de la libertad”. 

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