El Sol, una fuente de energía de la cual debemos aprender a protegernos

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El Sol es un potente reactor nuclear alimentado por reacciones de fusión que producen en su interior enormes cantidades de energía cada segundo, tanto como para suplir la necesidad de consumo de todo el planeta por medio millón de años.

La vida en el planeta Tierra se sustenta principalmente gracias a esa energía en innumerables procesos, en donde la llamada cadena trófica es uno de los principales.    En  esta cadena alimentaria la energía se transfiere a través de diferentes eslabones, desde las plantas – que con la fotosíntesis aprovechan la energía lumínica del Sol y la convierten en energía química para generar nutrientes que luego consumen otras especies o eslabones de la cadena – hasta finalmente llegar a especies más complejas como los seres humanos, asegurando en últimas nuestra supervivencia.

Hay un ingrediente que puede pasar desapercibido en este proceso pero que sin el cual sería imposible tener nuestras actuales condiciones de vida, y es la atmósfera terrestre. Más allá de  la razón evidente de contener los gases sin los cuales no podríamos respirar, el escudo natural de la Tierra, es vital para detener gran parte de la radiación solar que llega en múltiples formas como luz visible, infrarrojo o rayos ultravioleta.

Justamente estos últimos conocidos como UV son los mas violentos, pero afortunadamente componentes de la atmósfera terrestre, entre los que se destaca el ozono, actúan como filtros que detienen la mayor parte de esta radiación. Uno de los primeros experimentos que abrieron paso a la conquista del espacio fue precisamente estudiar los efectos de la intensa radiación fuera de la Tierra sobre los organismos vivos. Para ello se lanzaron moscas de la fruta a bordo de un cohete V2 en el año 1947,  que luego fueron recuperadas para comprobar que el sistema inmunológico puede verse afectado luego de la exposición a altos niveles de radiación.

Sin embargo la protección natural de la Tierra no es completa, y una pequeña fracción de radiación UV penetra la atmósfera y cae sobre nosotros. En las montañas la intensidad de la radiación UV aumenta aproximadamente un 10% con cada 1000 metros de incremento de la altitud. Incluso cuando esta nublado, la radiación UV puede atravesar las nubes, y además la radiación solar reflejada por el suelo hacia arriba podría volver a ser reflejada por las nubes de regreso hacia la superficie terrestre, aumentando el efecto.

Sumado a esto, la forma como la radiación impacta sobre el planeta a lo largo del año, es también determinante. Dado que la Tierra tiene un eje de rotación inclinado, el Sol ilumina de manera diferente a distintas regiones del planeta y producto de ello surgen las estaciones que ocurren en algunos lugares del mundo. En el caso de los países tropicales como Colombia, el Sol cae de manera casi frontal durante todo el año, por lo cual la exposición a radiación directa es mayor.

Quemaduras en la piel, envejecimiento prematuro, daños oculares y hasta cáncer de piel que ocurre cuando los rayos UV dañan el ADN de los genes que controlan el crecimiento de las células de la piel – son algunas de las secuelas que puede acarrear una exposición a la radiación UV. 

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