La turbulenta obra de un genio del arte

En el cuadro “La noche estrellada”, Vincent van Gogh logra una combinación de arte y ciencia

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Multitud de misterios encierra la vida y obra de uno de los más intrigantes artistas de todos los tiempos. Hablar de Vincent van Gogh es aludir a un personaje que vivió episodios trágicos, desamores y miserias que caracterizaron la turbulencia emocional de su existencia.

Hacia el final de su corta vida (murió a los 37 años), el mismo año en que cortó su oreja y fue recluido por voluntad propia en un sanatorio en Francia, Van Gogh combinó como nunca antes los colores y les dio un carácter dinámico a sus cuadros con el uso de remolinos. Es sin duda el periodo más destacado en su obra.

Así se evidencia en La noche estrellada, obra maestra del posimpresionismo, un cuadro que parece conectar al pintor con la astronomía, pero cuyas conexiones con la naturaleza física parecen ir más allá.

Análisis matemáticos muestran cómo varios cuadros del artista ejemplifican de manera excepcional lo que sucede en un medio turbulento, no el de su propia vida sino el de un fluido como puede ser el agua o el aire.Es decir que lo que vemos en los cielos pictóricos de Van Gogh es fiel reflejo de patrones de turbulencia atmosférica, cuya teoría describiera medio siglo después de su muerte el científico ruso Andrei Kolmogorov, en la década de 1940.

Enfrentarse, por ejemplo, a la dinámica de fluidos y describir los flujos turbulentos es una de las áreas más complejas y desafiantes de la física, en la cual quedan aún muchos interrogantes por resolver. Varios científicos intentaron apuntarle a este problema y tuvieron que desistir, para luego volverse famosos por otros trabajos en física.

Kolmogorov sentó las bases para “medir el caos” planteando que hay varias escalas, grandes y chicas, de turbulencia, y cómo se transfiere la energía a través de ellas para disiparse finalmente como consecuencia de la viscosidad, y por ende, la fricción en el medio. A partir de ecuaciones se puede analizar la distribución de las escalas y sus tiempos de vida, al igual que la probabilidad de encontrar cierta diferencia de velocidades entre dos puntos del fluido.

Lo más sorprendente es que Van Gogh utilizó diferentes tipos de iluminación en el óleo, a lo cual nuestra visión responde mejor que a los cambios de color, para conseguir el efecto que describe Kolmogorov como una probabilidad de distribución de las velocidades en el fluido. El artista logró, posiblemente sin proponérselo, una maravillosa combinación de arte y ciencia, y justamente en uno de los aspectos más complejos de la descripción del mundo natural: la turbulencia.

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