
El espectáculo natural de las lluvias de meteoros, es un evento astronómico que convoca a muchos aficionados a la astronomía y curiosos alrededor del mundo, aunque es cada vez más difícil de apreciar debido a la contaminación lumínica que borra con su deslumbramiento los destellos luminosos que lo caracterizan, las popularmente conocidas como estrellas fugaces que cruzan los cielos.
Las diversas lluvias de meteoros, que ocurren a lo largo del año, han cautivado la imaginación de la humanidad durante siglos, llevándonos a desentrañar los misterios detrás de este fenómeno cósmico.
En su intento por comprender el fenómeno, y teniendo presente la importancia de recopilar datos precisos para poder entender los orígenes de los llamativos “fuegos artificiales” del cosmos, el astrónomo José María González Benito se propuso hacer observaciones rigurosas de las lluvias de meteoros en la segunda mitad del siglo XIX.
González Benito, era apenas un curioso y dedicado joven zipaquireño de 24 años que incursionaba como ayudante en el Observatorio Astronómico Nacional en Bogotá, bajo la dirección del ingeniero y matemático Indalecio Liévano, cuando se propone observar los patrones de la lluvia de meteoros de las Leónidas de 1867 y ayudar a comprender este evento.
Junto con su mentor en temas astronómicos, González Benito organiza la observación del fenómeno, para lo cual necesitaba la ayuda de un grupo de personas que estuvieran atentas registrando el paso y características de los destellos generados en el firmamento, y de esa forma no perderse ningún detalle. El problema es que no había mucha gente que se animara a estar expuesta al inclemente frío bogotano a altas horas de la madrugada para hacer la observación.
Afortunadamente, habían unos personajes que se encargaban de iluminar las calles del comercio y ser vigilantes nocturnos de la ciudad. Fue Antonio Nariño, quien en 1788 siendo alcalde, tuvo la iniciativa de crear el primer Cuerpo de Serenos de Santafé, que pese a durar solo un año, volvió a ponerse en marcha en 1856, y que con los años daría lugar al cuerpo de Policía Nacional.
Con ayuda de los “serenos”, que fueron entrenados para el evento astronómico, se logró registrar las Leónidas con gran detalle, lo que se convierte posiblemente en el primer ejemplo del que tengamos registro en Colombia de lo que hoy se denomina ciencia ciudadana Sin saber lo que estaba sucediendo, algunos habitantes de Bogotá pensaron que estaban presenciando el fin del mundo debido a la impresionante escena apocalíptica.
En años posteriores, el interés de González Benito por las lluvias de meteoros y por motivar a la comunidad a compartir datos del fenómeno, siguió latente. Su reporte de las ocurridas en la noche del 24 de noviembre de 1872 fue publicado en París y contribuyó para verificar la teoría del renombrado astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli que establecía que las lluvias de meteoros eran el resultado de la fragmentación de cometas, sentando así las bases para descifrar el enigma detrás del llamativo fenómeno que hoy nos sigue sorprendiendo.
Las Perseidas, que por esta época adornan los cielos nocturnos, son causadas por el encuentro de la Tierra con algunos despojos dejados por el cometa Swift-Tuttle. A medida que el planeta atraviesa estos restos cósmicos, las partículas colisionan con nuestra atmósfera, produciendo las brillantes ráfagas de luz que percibimos como “estrellas fugaces”.
La ciencia ciudadana ha demostrado ser una herramienta poderosa en la comprensión de fenómenos naturales como las lluvias de meteoros. A medida que los entusiastas y observadores de todo el mundo se unen para registrar y reportar sus observaciones durante eventos como las Perseidas, se crea una red global de datos valiosos, enriqueciendo nuestra comprensión del cosmos y contribuyendo a la investigación científica de manera significativa.