El instrumento de andar por el aire: Un cuento sobre globos, que no es chino

Mientras un globo chino causaba intranquilidad hace unas semanas al sobrevolar el espacio aéreo norteamericano, se cumplían 160 años de otro famoso viaje en globo que duro cinco semanas. La suerte del primero fue caer derribado sobre la costa del Atlántico luego de recibir un disparo de un avión F-22, en contraste con el exitoso recorrido de exploración del segundo a través del continente africano.

En ambos casos, el objetivo de los viajes era tener una observación privilegiada de la superficie terrestre desde algunos kilómetros de altura, con fines de espionaje, como se sospecha ocurrió en el caso del globo chino, o de exploración y descubrimiento, como en el viaje a Africa que imagino el escritor Julio Verne en su libro “Cinco semanas en globo” publicado en 1863. Esta era la primer novela del célebre escritor francés, en donde, a pesar de no haber volado en globo cuando la escribió, pudo recrear magistralmente el apasionante recorrido de tres personajes que abrieron paso a la literatura de ciencia ficción de aventuras.

La historia de los globos sin embargo es anterior a Verne y se remonta a la anécdota del sacerdote jesuita Bartolomeu Lourenço de Gusmão al ver una pompa de jabón elevarse mientras pasaba por encima de una vela. Se dice que allí se inspiró para desarrollar algo que fuera mas leve que el aire, desarrollando su instrumento de andar por al aire, que obtiene la patente de invención en 1709. Ese mismo año realiza la presentación de su globo de aire caliente no tripulado en la ciudad de Lisboa, y aunque el artefacto solamente se elevo cuatro metros sobre el suelo, lo catapultó a la fama, siendo reconocido como el “padre volador” y un verdadero precursor de la aeronáutica, aunque también lo llevó a ser perseguido por la Inquisición por hechicería.

Claro que si hablamos de globos, los mas encumbrados fueron los hermanos franceses Joseph y Jaques Montgolfier, quienes desarrollaron globos aerostáticos tripulados. Durante la década de 1780 se hicieron exhibiciones que asombraron a miles de espectadores europeos, testigos de como varios animales, entre ellos patos y ovejas, ascendían por los aires, para luego hacerlo seres humanos. 

Ascender por encima de las nubes en globos aerostáticos permitió  realizar hazañas memorables a finales del siglo 19 y comienzos del 20, como observar eclipses totales de Sol desde una posición privilegiada, descubrir una potente fuente de energía llegada del espacio (los rayos cósmicos), o tener un medio de transporte sin precedentes. Hace casi un siglo, el Zeppelin era el rey de los cielos. El enorme globo dirigible tenia más de 200 metros de longitud y podía transportar 60 toneladas de carga a una velocidad de 128 kilómetros por hora. 

La historia del colosal Zeppelin involucra al colombiano Carlos Albán, un payanés que solicitó la patente de un dirigible en el Ministerio de Fomento de la época en Colombia, en 1887. Albán fue cónsul en Hamburgo, donde se hizo amigo cercano del conde Ferdinand von Zeppelin.  Se dice que Albán cedió a su amigo los planos del invento, en donde sobresalía la envoltura metálica del globo, sin sospechar el éxito que tendría años después. Albán murió en 1902.

Hoy los globos siguen siendo fundamentales para experimentos científicos, de meteorología y astronomía, entre otros. Y en el campo aeroespacial, se espera que en un futuro cercano se usen inmensos globos para transportar turistas en cápsulas presurizadas a viajes estratosféricos de 30 kilómetros de altura. Las reservas para estos viajes ya se están recibiendo y todo parece indicar que los globos volverán a tener toda la grandiosidad de antaño.

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