El placer de inventar

La necesidad es la madre de la invención, se suele decir. Muchos atribuyen este proverbio al filósofo griego Platón, aunque para otros su autor se desconoce. Lo cierto es que en un sinnúmero de situaciones la necesidad nos obliga a reaccionar y a buscar, o crear, las herramientas para salir de una dificultad y realizar con éxito una tarea. Puede decirse que la capacidad inventiva fructifica ante los desafíos a los que nos enfrentamos  en el día a día, el popular “rebusque”es una muestra de ello.

Sin embargo, los inventos y sus progenitores no siempre están asociados a este tipo de situaciones. Hay casos en donde la ecuación se invierte, y la inventiva es la madre de la necesidad; inventos que luego de ser creados de forma accidental, pasan a ser de uso generalizado y la sociedad a depender plenamente de ellos. 

¿Quién no ha soñado con ser el inventor de una bebida que triunfe como la Coca-Cola? o tal vez de un nuevo artefacto que en pocos años llene las tiendas y la gente salga en procesiones para adquirirlo.

Aunque parezca difícil, idear un invento puede ser la parte más sencilla, y que el verdadero obstáculo radique en la capacidad de la sociedad para apropiar el invento e incorporarlo en acciones comunes de cada uno de sus miembros. Salir de casa y olvidar el celular puede significar para muchos un verdadero dolor de cabeza a lo largo del día, reflejando una dependencia casi enfermiza por este dispositivo del mundo moderno.

No obstante, que los inventos se conviertan en necesidades no es algo que haya trasnochado a los grandes inventores en la historia de la humanidad. Su particular interés era avivado por la llama de la curiosidad, a diferencia de la imagen que les solemos asignar de ingeniosos e infalibles héroes capaces de detectar y solucionar los problemas de la sociedad. Incluso en algunos casos los inventores son los primeros en sorprenderse con el uso que se le da a sus creaciones. Es conocido el listado que hizo Thomas Alva Edison buscándole usos al fonógrafo que había inventado hacia finales del siglo XIX, donde incluía dar la hora o grabar las últimas palabras de los que estaban a punto de fallecer. Para su sorpresa, y hasta molestia, se popularizo para reproducir música, algo que no había contemplado.

Los inventos continuarán generando pasiones de parte y parte, en su creadores y para los que disfrutan de su uso, y cada 9 de noviembre seguiremos celebrando el Día del Inventor Internacional, fecha elegida en honor a la inventora, ingeniera y actriz Hedy Lamarr, nacida en Viena en 1914. Lamarr ideó una técnica para enviar datos y mejorar las señales a través de los sistemas de telecomunicaciones, abriendo la puerta a los actuales sistemas wifi.

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