El hombre que soñaba con grandes telescopios 

Tras una larga espera, finalmente las horas están contadas para el lanzamiento de una de las mayores obras de instrumentación astronómica jamas construidas. El telescopio espacial James Webb (JWST), sucesor del muy querido telescopio Hubble, ya se encuentra en la Guyana Francesa, lugar desde donde será lanzado al espacio para emprender un viaje que lo llevara a su destino final, a un millón y medio de kilómetros de la Tierra; una posición privilegiada desde donde podría ver lo que la humanidad jamás ha visto. Desde la luz de las primeras estrellas y galaxias, hasta moléculas en las atmósferas de otros mundos, el JWST revolucionará nuestro conocimiento del universo.

La sensación no es nueva. Desde hace siglos, las generaciones de telescopios cada vez más grandes y sofisticados, siempre han puesto a soñar a la humanidad con una emocionante avalancha de descubrimientos por venir, porque cuando se trata de recolectar la luz de diversos objetos que habitan el cosmos, el tamaño si importa. El poder de captación de luz de un telescopio es directamente proporcional al tamaño de su apertura, es decir, a mayor superficie colectora de luz, mayor información podemos recoger, lo que nos lleva a nuevos descubrimientos.

Y si hablamos de grandes telescopios, hay un lugar especial reservado en la historia para el telescopio Hale en el Observatorio del Monte Palomar, al sur de California. Con un espejo principal de 508 centímetros de diámetro y un peso total de 520 toneladas, desde su entrada en funcionamiento en 1948, este telescopio significó un hito en la astronomía del siglo pasado.

Crear este majestuoso instrumento fue posible gracias al sueño del astrónomo George Hale, quien en la década de 1920 comenzó su construcción y financió el proyecto, aunque no pudo ver el telescopio en funcionamiento debido a su muerte en 1938. Pese a ello, antes de su fallecimiento, Hale ya había sido el responsable de romper dos veces el record del telescopio más grande del mundo.

Su afición por los grandes instrumentos ópticos, que había comenzado a muy temprana edad,  irónicamente con un pequeño microscopio que le regalaron sus padres, lo llevo a construir telescopios cada vez más grandes, desde el primero que fabricó con la edad de 14 años. Ya con 40 años, instaló en 1908 el telescopio mas grande del mundo en el Monte Wilson, muy cerca del Monte Palomar, con un espejo de un metro y medio de diámetro, y menos de una década después otro de dos y medio metros. No contento con eso, siguió trabajando para tener uno de 5 metros, el que finalmente no pudo ver en marcha, pero que, con el nombre de telescopio Hale, fue por casi medio siglo el más importante del planeta, hasta la llegada del telescopio espacial Hubble.

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