La geología de otros mundos

La materialización de los viajes al espacio desde mediados del siglo pasado, le dio un impulso a múltiples áreas de la ciencia. Entre ellas, la astrogeología fue una de las que mas aprovecho las nuevas posibilidades y los avances en instrumentación para explorar diversos cuerpos celestes.  Si la geología busca estudiar la evolución del planeta Tierra, su composición y los procesos que han moldeado su estructura, la astrogeología se ocupa de estos mismos asuntos pero en otros planetas y cuerpos celestes, donde se incluyen satélites naturales, cometas y asteroides.

Antes de la carrera espacial, las posibilidades para profundizar en la geología de otros mundos se limitaba a las observaciones hechas desde nuestro propio planeta, con grandes inconvenientes para estudiar en detalle las superficies y atmósferas planetarias en el vecindario cósmico. Lo que se tenía mas a mano eran únicamente restos de meteoritos que habían ingresado desde el espacio exterior e impactado la superficie terrestre. Las sondas espaciales permitieron llevar instrumentos a otros mundos y poder hacer mediciones directas,  recolectar muestras e incluso traerlas a la Tierra para ser analizadas en laboratorios especializados.  Múltiples técnicas de investigación geológica, sismológica, geofísica, y otras, que tenían ya un importante recorrido para estudiar la Tierra, pudieron aplicarse para los nuevos intereses más allá de la frontera terrestre.

En vista de toda la ciencia que se estaba fraguando, el Servicio Geológico de los Estados Unidos introduce en 1962 la línea de investigación en astrogeología. Un par de años más tarde fue contratada Mareta West, la primera mujer astrogeóloga, y la única que participó en el equipo experimental de geología de Nasa cuyo objetivo era preparar el primer aterrizaje tripulado a la Luna, el de la misión Apolo 11.  Mareta fue responsable de hacer la cartografía y señalar el punto indicado para que Armstrong y Aldrin descendieran sobre la superficie lunar aquel 20 de julio de 1969. Allí, al sur del Mar de la Tranquilidad, los dos astronautas recogieron unos 20 kilogramos de muestras del material lunar, que fue traído de vuelta para ser estudiado en detalle en numerosos laboratorios del mundo, y darle un gran impulso a la astrogeología.

Tras más de medio siglo, la astrogeología está más viva que nunca. Hoy estamos a la expectativa de las investigaciones que haga la misión Lucy, lanzada al espacio hace pocas semanas. En visitas a varios asteroides durante la próxima década, Lucy podrá indagar sobre estas reliquias fósiles de nuestro sistema solar, lo cual nos ayudará a comprender nuestros orígenes, el origen de la Tierra y el de la vida misma. Lograrlo será cumplir uno de los sueños de Mareta, quien defendió hasta su muerte, el 2 de noviembre de 1998, a la astrogeología como una herramienta para “descifrar gran parte de lo que permanece desconocido sobre nuestro propio planeta”.  

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