La estrella que nos enseñó la importancia de tener un norte

La popular expresión “tener un norte” es sinónimo de saber a dónde ir, y suele relacionarse con los planes que tenemos y las acciones que nos llevan a cumplirlos. Aunque en la actualidad se use como una frase hecha, sin una asociación real con la localización geográfica del punto cardinal norte, hubo una época en que estaba directamente relacionada con hechos que fueron parte esencial para el desarrollo de la humanidad.

Hacia el siglo XV, la navegación permitió como nunca antes, explorar territorios inaccesibles. Unos de sus principales soportes eran las estrellas, que se usaban como guía. Dentro de las centenares de estrellas visibles en el cielo nocturno había una que se destacaba sobre las demás por una curiosa razón, no se movía.  Mientras todas las demás estrellas parecían realizar una armoniosa danza en el firmamento, moviéndose al unísono a medida que transcurrían las horas, aquella singular estrella permanecía inmóvil, como clavada en la bóveda celeste. 

Los antiguos mongoles la denominaron “estaca dorada” y pensaban que mantenía unido al universo, mientras que para los árabes era Al Kiblah, una malvada estrella que había matado al guerrero del cielo, que ahora residía en el ataúd delineado por la famosa constelación de la Osa Mayor; todas las demás estrellas marchaban en procesión fúnebre alrededor del cielo. Como estas, muchas otras historias mitológicas se enriquecieron con la famosa estrella, que hoy conocemos como Polaris, o estrella polar, nombre dado en el siglo XVIII.

Polaris se encuentra prácticamente alineada con el eje de rotación de la Tierra, esto quiere decir que cuando la Tierra gira sobre si misma, todos los habitantes del planeta vemos a las estrellas moviéndose sobre nuestras cabezas -en realidad es un movimiento aparente porque somos nosotros los que nos movemos con el planeta- excepto a Polaris. Al mantenerse siempre fija en la dirección del polo norte terrestre, se convirtió en la referencia natural para ubicarnos, una especie de brújula que fue esencial para los navegantes en sus aventuras de exploración. Esto es así para el hemisferio norte de la Tierra; para el sur no existe actualmente una estrella fija visible, aunque sí constelaciones muy famosas de referencia, como la Cruz del Sur.

Tristemente para muchos, Polaris dejará de ser esa referencia del norte en el futuro. La razón es que la Tierra tiene un lento movimiento de su eje de rotación, que poco a poco va a apuntando hacia otros sitios. La llamada precesión, tiene un ciclo de 26 mil años; esto significa que hace miles de años Polaris no era la estrella fija en el cielo, y que en el futuro tampoco lo será. Para el año 3500, la estrella que la releve es Errai, y hacia el año 5200 será sustituida por Iota Cephei, pero nos quedaran las historias de la que fue la estrella que permitió a la humanidad guiarse durante una parte importante de su andadura por este planeta, y que, como ninguna otra, nos enseño la importancia de tener un norte.

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