La aventura astronómica de Colón

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Cuando Cristobal Colón se embarcó aquel 3 de agosto de 1492 desde el Puerto de Palos en la Provincia de Huelva (España), en la famosa expedición que lo llevaría a atravesar el Atlántico y llegar al actual territorio de las Bahamas el viernes 12 de octubre del mismo año, se enfrentaba a un desafío que muy pocos navegantes hubieran aceptado sin titubear.

Durante varios siglos estos habían bordeado las costas utilizando como referencia puntos visibles del litoral, pero embarcarse mar adentro significaba perder esas señales.

Los preparativos del viaje al “nuevo mundo” incluyeron asegurarse de tener los mejores instrumentos para poder ubicarse en altamar, haciendo uso de la llamada navegación astronómica. Dependiendo de la forma cómo nos desplazamos, la disposición de las estrellas en el firmamento va cambiando, así que si sabemos “leer” el cielo, podremos ubicarnos y conocer en qué latitud nos encontramos.

Para ello se necesitan instrumentos que permitan medir con precisión la posición de las estrellas, y Colón se cercioró de tenerlos. Uno de ellos es el cuadrante; hecho antiguamente de madera y con forma de un cuarto de circulo (de donde proviene su nombre), este instrumento sirve para medir el ángulo al que se encuentra una estrella respecto al horizonte, utilizando una mirilla que se dirige hacia el astro deseado y una plomada que marca la referencia de la dirección vertical.

La altura de la estrella Polar – visible en el hemisferio norte – corresponde a la latitud del lugar, y si nos aseguramos de navegar manteniéndola siempre a la misma altura, lo estaremos haciendo a lo largo de un paralelo terrestre.

Colón tenía buenos conocimientos en astronomía, que de hecho fueron el detonante para que se decidiera a emprender su gran aventura. Sabía de los cálculos de Eratóstenes (236 A.C) y Posidonio (100 A.C.) sobre la medida de la circunferencia terrestre, que lo hacían pensar que se podía llegar a la India circunnavegando el globo terráqueo en dirección hacia occidente.

La medida de Posidonio, se basaba en la distancia entre las ciudades de Rodas y Alejandría que se medían en estadios, los cuales históricamente tuvieron varias equivalencias. Así Colón emplea un valor de 30.000 kilómetros como circunferencia de la Tierra, lo que le hizo pensar que había llegado a las costas de Asia cuando en realidad la circunferencia real del planeta es de 40.075 kilómetros y estaba apenas llegando a América.

En la siguiente década Colón completaría tres viajes más. En el último de ellos consigue llegar a las costas de la actual Jamaica, un 25 de junio de 1503, y nuevamente hace uso de sus conocimientos astronómicos, en particular de los cálculos existentes sobre eclipses lunares para salvar su vida y hacer creer a los indígenas que tenía poderes sobrenaturales cuando ocurrió el eclipse de luna del 29 de febrero de 1504.

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