Los avances de la ciencia en los Olímpicos

Detrás de esos récords deportivos modernos hay importantes adelantos tecnológicos.

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Mucho han cambiado las olimpiadas de la era moderna, desde su primera versión de 1896 celebrada en Atenas. No solo el número de deportistas y países involucrados, o la inclusión de multitud de disciplinas deportivas nuevas, sino el establecer marcas cada vez más difíciles de superar.

Al hacer un rápido recorrido por algunas de las disciplinas más emblemáticas encontramos resultados sorprendentes.  Si en esa primera competición olímpica, le hubieran dicho al griego Spiridon Louis, ganador del oro en la maratón con un tiempo de 2:58:50, que no volvería a ganar un compatriota suyo, al menos en las siguientes veintisiete versiones, le hubiera costado creerlo. Pero jamás habría imaginado que su marca sería pulverizada década tras década, hasta ser reducida en casi una tercera parte  (2:08:01) en Londres 2012.

Las demás competencias atléticas no han sido la excepción. En los cien años que separan las Olimpiadas de Atenas 1896 y 1996, la medalla de oro en la prueba de salto con garrocha (o pértiga) tiene una diferencia cercana a los 3 metros, pasando de 3.30 a 5.95 metros.

Detrás de esos records modernos, hay importantes adelantos tecnológicos en ciencia de materiales, que se usan en la indumentaria y elementos deportivos.  Tenis, raquetas, pértigas, balones y cada uno de los implementos deportivos exigen años de investigación y desarrollo.

Pero más allá de eso, la ciencia está permanentemente implicada en las jornadas de entrenamiento, con aparatos para monitorizar, evaluar y mejorar las condiciones corporales de los deportistas. Aquellos que pueden acceder a la gran variedad de desarrollos científicos aplicados al deporte tienen ventaja. No es casualidad que los que desde ya lideran la tabla de medallería en Rio 2016 sean justamente aquellos países con un preponderante desarrollo científico y tecnológico como Estados Unidos, China y Japón. En el ámbito comercial también se habla incluso de los logros de la ingeniería y las ciencias en los éxitos deportivos, algo que mueve un mercado cada vez más jugoso para las empresas privadas.

Los deportistas paralímpicos tampoco son ajenos a esto. A comienzo de este siglo, un atleta amputado conseguía un histórico registro en los 100 metros al bajar de 11 segundos, con la ayuda de una avanzada prótesis.

El lado oscuro está representado por el dopaje, un efecto colateral del desarrollo de la bioquímica y sus nefastas aplicaciones en el deporte, algo que en realidad no es nuevo, pues desde los Juegos Olímpicos de la Grecia clásica, algunos ya usaban extractos de plantas para mejorar su rendimiento.

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