El regreso de las lágrimas de San Lorenzo

El nombre de San Lorenzo, uno de los siete diáconos legionarios de Roma, se recuerda especialmente cada 10 de agosto, fecha que conmemora su muerte, tras ser quemado vivo en una parrilla en el año 258.

Para otros, esta fecha es una de las más esperadas del año, un encuentro con la observación del firmamento. Como todos los años durante esta época, los amantes de los fenómenos del cielo esperan una famosa lluvia de estrellas. Lejos de ser estrellas que caen del cielo, estas lluvias son en realidad pequeños cuerpos rocosos que la Tierra se encuentra a su paso.

Si queremos buscar un responsable, ese sería el cometa Swift-Tuttle, descubierto en el año 1862 de manera independiente por los astrónomos Lewis Swift y Horace Pamell Tuttle. De unos 26 kilómetros de diámetro y que fuera catalogado como “el más peligroso objeto conocido por la humanidad”, este cometa es el cuerpo más grande descubierto que pasa cerca de la Tierra, y lo hace cada 133 años, desprendiendo una inmensa nube de pequeños escombros que pueden ser tan diminutos como el tamaño de granos de arena. 

Aunque la última vez que lo vimos por estos lados fue en 1992, cada año restos del Swift-Tuttle ingresan a la atmósfera de la Tierra y producen la llamada lluvia de meteoros de las Perseidas, cuyo nombre proviene de la constelación de Perseo, lugar en el cielo a donde tenemos que levantar nuestra mirada para intentar ver emerger y cazar con nuestros ojos alguno de estos destellos.

Cada partícula ingresa a la atmósfera a una velocidad de 60 kilómetros por segundo, comprimiendo el aire delante de ellas y aumentando su temperatura.  A unos 100 kilómetros de altura sobre nuestras cabezas, la  temperatura de la partícula aumenta a hasta 1600 grados Celsius, y se incinera, causando el fenómeno que se suele denominar popularmente “estrella fugaz” con sus característicos trazos de luz en el firmamento. La Tierra no corre peligro tras el impacto de estos pequeños cuerpos, y durante el año hay cerca de 30 lluvias de meteoros causadas por el encuentro de nuestro planeta con restos asociados a diferentes cometas.

Desde mediados de julio y durante un mes, se puede observar el fenómeno de las Perseidas, que ya disfrutaban las culturas antiguas, siendo las noches del 11 al 13 de agosto las que se caracterizan por un mayor bombardeo de meteoros, llegando a unos 400 por hora. Durante la Edad Media su observación por esta época del año, durante la conmemoración de la muerte de San Lorenzo, hizo que se asociaran a las lágrimas del popular santo, cuando aun faltaban varios siglos para imputar al cometa y su estela de despojos como responsables.

Para poder disfrutar de la observación de las Perseidas se debe ir a un lugar oscuro, alto y con buena visibilidad. No se requiere ningún instrumento óptico más allá del ojo humano, pero si una buena dosis de paciencia. El mejor momento será en las horas siguientes después de media noche y antes del amanecer, cuando la constelación de Perseo se encuentra hacia el noroccidente.

Solo hasta el año 2126 el Swift Tuttle pasará nuevamente para recargar la nube de polvo, lo cual permitirá que los cazadores de meteoros puedan registrar muchos más destellos en sus libretas.

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