Un segundo más de vida

La rotación de la Tierra no permanece constante y, de hecho, es cada vez un poco más lenta.

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Desde temprana edad aprendemos que la Tierra, una inmensa bola sobre la cual 7.000 millones de seres humanos estamos firmemente parados, gira sobre sí misma (el movimiento de rotación) y que en el lapso de un día el globo ha dado una vuelta completa sobre su eje de rotación.

Menos frecuente es detenernos a pensar que esto implica que,mientras usted está leyendo esta columna, el planeta está girando a una velocidad de unos 460 metros por segundo. Claramente no sentimos este movimiento y, cómodamente sentados en nuestro sofá, nos parece estar inmóviles.

 A medida que nos vamos a ciudades más y más alejadas del ecuador de la Tierra, esa velocidad se reduce debido a que disminuye nuestra distancia al eje de rotación terrestre, es decir, la trayectoria circular que describimos alrededor del eje terrestre es más corta. En los polos norte y sur, estaríamos justo sobre el eje del planeta, con una velocidad de rotación nula.

Sin embargo, la rotación de la Tierra no permanece constante y, de hecho, es cada vez un poco más lenta. Varios factores, entre los que se destacan el efecto de la Luna que genera “fuerzas de marea” debidas a la atracción gravitatoria con nuestro planeta, hacen que el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta sobre su eje varíe una fracción mínima de segundo cada día.

Para que la medición del tiempo que hacen los relojes atómicos (tan exactos que se desajustan un segundo en un millón y medio de años) coincida con la medida del día por la rotación de la Tierra, se introducen segundos extra de vez en cuando.

Desde 1972 esto se ha hecho en 26 oportunidades. La última de ellas se hizo este martes 30 de junio, justo después de la medianoche y antes de que comenzara el miércoles primero de julio. El último minuto del martes tuvo, de este modo, 61 segundos, completando un día de 86.401 segundos, uno mas de lo normal.

La variación de la rotación de la Tierra es, en realidad, algo imprevisible, ya que puede cambiar por terremotos, por variaciones en los océanos e incluso por cambios en la atmósfera, como los generados por el Niño.

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