¿Qué fue realmente la estrella de Belén?

Un astro pudo ser lo que guió a los reyes magos.

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La llegada del seis de enero convierte a un astro en protagonista: la estrella de Belén.

Son pocas las referencias sobre ella, y solo uno de los libros de la Biblia, Mateo, menciona que los sabios hombres (no hace referencia a que eran tres) fueron guiados por la estrella –que vieron hacia el Este– hasta el lugar de nacimiento de Jesús, en Belén.

La pregunta es: ¿pudo algún fenómeno astronómico generar un destello luminoso que se observara como una gran estrella brillante en el firmamento?

Durante mucho tiempo, los estudiosos del cosmos han buscado pistas que puedan dar una explicación al fenómeno, ocurrido hace más de dos mil años.

De hecho, fue uno de los astrónomos más reconocidos de la historia, el alemán Johannes Kepler, de los primeros en darle una explicación natural en 1604, sugiriendo que era consecuencia del encuentro aparente en el cielo de Júpiter y Saturno, lo que conocemos como una conjunción planetaria.

Esta ocurrió en el año 7 a. C., en la constelación de Piscis, hecho históricamente asociado con los judíos.

Cálculos modernos demostraron que el acercamiento de ambos planetas no fue suficiente para haber sido confundidos con un solo cuerpo brillante.

Otra opción es una conjunción de Marte, Saturno y Venus, en el año 12 a. C, pero seguramente fue muy difícil de observar a simple vista porque los planetas estaban cerca del Sol.

Indagar qué tipo de evento astronómico pudo ser la estrella de la Navidad requiere certeza sobre la fecha.

Algunas pruebas sugieren que la Natividad tuvo lugar hacia los años 5 o 6 a. C., muy próxima al censo promovido por Herodes, o a la fecha de un eclipse total de Luna, ocurrido hacia el 5 a. C.

Representaciones artísticas de este astro dan la idea de que se trató de algo parecido a una estrella fugaz, es decir, el destello producido por un meteoroide a su entrada en la atmósfera terrestre.

Esta posibilidad se derrumba fácilmente si se tiene en cuenta que este fenómeno dura tan solo pocos segundos, en contraste con los meses que los reyes magos observaron la imponente estrella brillar.

¿Un cometa?

Un cometa también se ajusta bastante bien a muchas de las ilustraciones que se han hecho, en particular durante la época del Renacimiento.

La idea volvió a sugerirse en 1985, cuando, durante la época de Navidad, se podía apreciar el cometa Halley.

Se sabe que el Halley fue visible en el año 12 a. C., anterior a la fecha de la Natividad, y no hay registro de observaciones de otros cometas espectacularmente brillantes que pudieran ser responsables del fenómeno celeste.

Por otro lado, los cometas, observados principalmente por chinos y coreanos en aquellos tiempos, eran vistos como portadores de malos presagios, con lo cual ser guiados por uno de ellos no hubiera sido la mejor de las ideas.

¿Una supernova?

También está la teoría de que lo visto habría sido una supernova. Este fenómeno genera un gran destello, producto de una explosión que tiene lugar en las etapas finales de una estrella.

Su luz es tan intensa que puede superar el brillo de millones de estrellas que componen la galaxia en la cual se produce, y perdurar por varias semanas o meses, e incluso ser visto de día.

Sin embargo, no hay reportes de objetos considerablemente brillantes que hayan correspondido a una supernova en esos tiempos.

Por último, algunas explicaciones le adjudican a la estrella de Belén el ser una nova, que, a diferencia de la supernova, no es tan brillante.

Las novas son producto de una explosión cuando, en un sistema binario (dos estrellas), una de ellas corresponde a una enana blanca, que está siendo alimentada por el material de su compañera, y debido a la acumulación de hidrógeno y al aumento en su masa produce una explosión termonuclear.

La gran cantidad de energía liberada produce un destello que dura varios días.

Hay reportes de que los chinos y los coreanos observaron una nova en el año 5 a. C., que pudo durar unos 70 días. Las características parecen concordar con la descripción de los hechos históricos en cuanto a color, duración y fecha, aunque no hay certeza exacta sobre su posición, que tampoco está descrita en las observaciones encontradas.

La verdad sobre la estrella de Belén seguirá siendo un misterio y, tal vez, como lo menciona el astrofísico Mark Kidger, del Instituto de Astrofísica de Canarias, los reyes magos hayan sido alertados por una suma de varios de los fenómenos astronómicos antes mencionados, siendo la nova la señal definitiva del acontecimiento que ahora celebramos como la Natividad.

Publicado en el diario El Tiempo el 24 de diciembre de 2014

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