Los ‘fuegos artificiales’ del firmamento

Hasta el viernes, en cielos alejados de las luces citadinas, podrá verse la lluvia de estrellas

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A propósito de los cometas, que han estado en boca de todos gracias a que la sonda Rosetta estudia, en estos momentos, la evolución de uno a medida que se acerca al Sol, hay un fenómeno astronómico que se relaciona con ellos y que para disfrutarlo solo se necesita un poco de paciencia y salir a observar el cielo en una noche despejada, en lo posible lejos de las luces de las ciudades.

Se trata de “lluvia de estrellas” como las Leónidas. Por estas fechas muchas personas aguardan ansiosas la llegada de la noche y esperan contar con buenos cielos que les permitan ser testigos de este espectáculo natural.

Su nombre técnico es “lluvia de meteoros” y es originada por meteoroides (rocas) que, en su gran mayoría, tienen el tamaño de granos de arena y que al entrar en la atmósfera de la Tierra se desintegran produciendo un destello luminoso, que es lo que llamamos meteoro.

¿Cuál es la relación entre estos destellos luminosos, que se producen en la alta atmósfera, a unos 100 kilómetros de altura sobre nuestras cabezas, y los cometas a distancias de millones de kilómetros y en órbitas de varios decenios e incluso siglos alrededor del Sol?

Los enjambres de meteoros se deben a restos dejados por cometas a medida que orbitan alrededor del Sol, perdiendo parte de su masa, que queda esparcida como escombros en el espacio interplanetario.

En el máximo acercamiento al Sol un cometa suele desprender miles de toneladas de materiales cada segundo. Luego la Tierra, mientras orbita armoniosamente alrededor del Sol, pasa por sitios en los cuales se encuentran acúmulos de estas “migajas” que dejó algún cometa en su viaje a las regiones internas del Sistema Solar.

La velocidad de las rocas que entran a la atmósfera puede alcanzar hasta los 70 kilómetros por segundo y se estima que hasta 100 millones de meteoros pueden ser observados a simple vista en todo el planeta, en un período de 24 horas.

Gracias a las observaciones se ha comprobado que la trayectoria de los meteoros durante una lluvia en particular parece provenir de una misma región en el cielo (llamada radiante).

En realidad, se trata de un efecto óptico debido a la perspectiva, pues éstos siguen trayectorias paralelas entre sí. El fenómeno es análogo a cuando observamos una vía de tren, que parece juntarse en el infinito.

Las lluvias más famosas reciben el nombre de las constelaciones en que se encuentra el radiante; por esa razón, por ejemplo, para observar hasta el proximo 21 de noviembre a las Leónidas, producidas por los restos del cometa 55P/Tempel-Tuttle, tendremos que alzar nuestra mirada hacia la constelación de Leo, de donde veremos “emerger” los trazos luminosos.

Durante el año hay cerca de 150 lluvias diferentes, y la mayoría se repiten y tienen una fecha concreta asignada. Las mejores para observarlos son hacia el 12 de agosto (Perseidas) y el 13 de diciembre (Gemínidas), que son las más intensas. A disfrutar, entonces, de este maravilloso espectáculo del cielo.

Publicado en el diario El Tiempo el 19 de noviembre de 2014. 

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