Un pionero desconocido de la radio

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En un mundo donde la tecnología avanza a pasos agigantados, un invento de hace más de un siglo sigue teniendo un impacto profundo en la sociedad, y es un medio de comunicación vital que usan miles de millones de personas en el mundo. 

A finales del siglo XIX, la magia de la radio llegó a nuestras vidas, y desde entonces esta innovación ha recorrido un largo camino, pasando de ser una caja inseparable hasta llegar a la sofisticación de la radio digital y por internet. Más que el simple aparato que ha sido testigo de guerras y revoluciones, transmitido alegrías y tristezas, informado y educado, la radio es un portal a un universo de sonidos e historias. 

Si bien la figura del ingeniero italiano Guillermo Marconi es la más reconocida como inventor de la radio, otro personaje mucho menos citado desarrolló de forma paralela el primer receptor de radio.  Cuando el 2 de junio de 1896 Marconi presentó una solicitud de patente de su dispositivo para transmitir señales a varios kilómetros de distancia, habían pasado ya un par de meses desde que el ruso Alexánder Popov pusiera a funcionar un sistema de transmisión de ondas de radio. 

Popov era un joven físico con amplios conocimientos en ingeniería eléctrica, que se desempeñaba como profesor en la Escuela de Torpedos de la Armada rusa. Su interés en la ciencia del momento, lo llevó a sorprenderse por el descubrimiento de Heinrich Hertz, quien había podido generar ondas electromagnéticas de varias frecuencias, desde radio hasta microondas. Después de atravesar el Atlántico para visitar la Exposición Universal de Chicago, Popov llega inspirado por los experimentos con electricidad de Nikola Tesla que se presentaron en la exhibición, y se propone construir un dispositivo capaz de captar estas ondas hertzianas desde largas distancias. 

En 1895 Popov construye un aparato que registraba perturbaciones eléctricas en la atmósfera, con el cual podía detectar tormentas a 50 kilómetros de distancia, y publica un artículo donde propone un dispositivo similar para recibir señales de radio. A los pocos meses sorprende a la comunidad cuando logra transmitir un mensaje con las palabras “Heinrich Hertz” en código Morse, el cual se recibe en un receptor a más de doscientos metros de distancia.

El perfeccionamiento de su idea le permitió posteriormente transmitir señales entre un barco y tierra firme a cinco kilómetros de distancia, hecho que lo convierte en el inventor de la antena de radio, tanto para la emisión como para la recepción. Antes de terminarse el siglo XIX, ya se iniciaba en París la producción industrial de las estaciones de radio de Popov, y la comunicación sin cables estaba lista para transformar al planeta.

A diferencia de Marconi, cuya experiencia le permitió obtener reconocimiento internacional por su trabajo pionero en el desarrollo de la radio, el secreto impuesto por el régimen ruso obstaculizó la capacidad de Popov para ser reconocido a nivel mundial como inventor de la radio. Aunque en realidad, en el entorno de finales del siglo XIX, los esfuerzos colectivos de muchos investigadores en todo el mundo resultaron en el rápido desarrollo de la radio, el sistema de Popov tenía todos los ingredientes de una línea de transmisión de señales de radio en toda regla.

Con el tiempo, la radio se convirtió en una verdadera caja de Pandora, evolucionando constantemente e impulsando un amplio abanico de innovaciones más allá de la radiodifusión, como radioastronomía, radionavegación, radiometeorología, e incluso la televisión.

Hoy, en el Día Mundial de la Radio, celebramos la magia de este medio de comunicación, que es memoria, nostalgia, presente y futuro.

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