La frontera del espacio

El nuevo impulso e interés general que está generando el tema del turismo espacial, ha puesto nuevamente sobre la mesa la discusión sobre dónde está el límite del espacio exterior. Lo que pudiera parecer como algo irrelevante, tiene sin embargo algunas implicaciones importantes, especialmente para los clientes que decidan gastarse una fortuna para hacer verdaderamente un viaje al espacio. La definición de astronauta y el criterio para definir si una persona ha alcanzado el espacio exterior, dependen un poco de a quién se le pregunte.

La Federación Aeronáutica Internacional, entidad fundada en 1905 que regula la normativa aeronáutica y aeroespacial,  define los viajes al espacio, como aquellos que superan los 100 kilómetros de altura sobre el nivel del mar. Allí se encuentra una frontera invisible denominada la línea de Kármán, que lleva el nombre de Theodore von Kármán, un físico e ingeniero que realizó importantes estudios en el campo de la aerodinámica, y el responsable de calcular la altura a la cual la densidad de la atmósfera es tan baja, que si una aeronave quisiera volar allí necesaria ir a una velocidad tan alta para que su alas fueran efectivas para la sustentación, que tal velocidad seria equiparable a la que requiere para orbitar la Tierra a dicha altura, por lo cual las alas ya no serian necesarias. En definitiva, es la altura en que las fuerzas de la dinámica orbital son más importantes que las fuerzas aerodinámicas.

Sin embargo, Estados Unidos y otros países no han acogido esta definición formal. En Estados Unidos, la Administración Federal de Aviación, la NASA y la Fuera Aérea, coinciden en reconocer los 80 kilómetros como la frontera que nos separa del espacio exterior. A quienes consiguen elevarse por encima de esta altura se les concede las alas de astronauta, que el multimillonario Richard Branson recibió el domingo pasado después del viaje turístico en una nave de su propiedad, al haber alcanzado los 85 kilómetros.


Ponerse de acuerdo va a ser complicado, más aun cuando en realidad la atmósfera de la Tierra se extiende mucho mas allá. Aunque con una densidad baja, átomos de nuestra atmósfera siguen existiendo a 100 kilómetros, y también diez veces más lejos. Si la frontera del espacio dependiera del límite de la atmósfera terrestre, tendríamos que extender la definición hasta los 10 mil kilómetros. Por esta razón, la Estación Espacial Internacional, a unos 400 kilómetros de altura, se va frenando paulatinamente por la pequeñísima fricción con el aire, y debe ser impulsada cada cierto tiempo para que no caiga sobre nosotros.

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