Así fue el inicio de la obsesión marciana para la humanidad

Tras indicios de agua líquida en Marte, el panorama se abre a nuevas posibilidades de exploración.

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Una noche de 1877, Giovanni Schiaparelli, un destacado senador de la sociedad italiana y curioso observador del cielo, se preparaba para apuntar hacia Marte un moderno telescopio instalado en Milán (Italia), aprovechando que nuestro vecino planetario se encontraría a la distancia más cercana de la Tierra.

Schiaparelli ya había descubierto un asteroide y estaba decidido a hacer las mejores observaciones del planeta rojo. Evitó tomar café y cualquier cosa que pudiera afectar su sistema nervioso y, luego de tener su telescopio en posición, pudo apreciar estructuras en la superficie marciana, a las que llamó canales.

Aquella noche de observación desató uno de los más grandes revuelos en la ciencia, la ficción y la cultura en el siglo XX: una verdadera fiebre marciana.

Las observaciones de Schiaparelli fueron de alguna manera mal interpretadas y los canales se relacionaron con una red de irrigación construida por una avanzada civilización alienígena. El astrónomo estadounidense Percival Lowell promovió la idea de que Marte albergaba vida y el siglo XIX cerró con el anuncio de que, posiblemente, el planeta rojo se encontraba en un avanzado estado evolutivo comparado con la Tierra.

Comenzó entonces una obsesión por formas de vida en Marte, los famosos marcianos, que comenzaron a protagonizar infinidad de películas y a ser portada de revistas, siendo ‘La guerra de los mundos’, de Orson Welles, una de las más popularizadas historias.

Solo hasta los 70 la ciencia puso un poco de orden al asunto. Las misiones de exploración del programa Viking nos mostraron la superficie marciana y en 1997 un vehículo robotizado recorrió por primera vez su superficie.

Hace unos días, cuando la ‘luna roja’ fue protagonista, el planeta rojo nos sorprendió con los primeros indicios de agua líquida, fluyendo por canales, descendiendo por laderas y depositándose en cañones y cráteres. No son los canales que imagino Lowell, y no hay aún indicios de vida ni siquiera a nivel microbiano, pero el panorama se abre a nuevas posibilidades de exploración, y aumenta la probabilidad de que en algún momento detectemos a esos esperados marcianos.

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