Observatorios astronómicos, templos para el estudio del cosmos

Eel Observatorio Astronómico Nacional de Colombia celebra sus 212 años.

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Pensar en un observatorio astronómico es traer a la mente un edificio en forma de torre cilíndrica culminada por una cúpula semiesférica que durante las noches abre una pequeña ventana. Desde el interior un avanzado telescopio, como un gran ojo mirando a través de esa abertura, espía las noches despejadas adentrándose en los misterios del cosmos.

En realidad los observatorios astronómicos son muy antiguos, y fueron establecidos por un gran número de civilizaciones en varias partes de la Tierra, mucho antes de la invención del telescopio a comienzos del siglo XVII. Se cree que Stonehenge en Inglaterra y las pirámides de Egipto, eran usadas como observatorios para la contemplación y estudio del firmamento, y que su disposición y funciones estaban regidas por movimientos y ubicación de astros.

Al igual que allí, en culturas de la america prehispánica como los mayas, se observaban movimientos de cuerpos celestes como el Sol, la Luna, y Venus. Estos emplazamientos tenían una función mas cercana a templos ceremoniales y políticos, e incluso se usaban como lugar de residencia de los gobernantes.

Bagdad en el siglo VIII A.C y Alejandría en el siglo III A.C ven surgir los que probablemente son unos de los primeros observatorios con dedicación exclusiva al estudio y conocimiento del cielo. En Europa durante el imperio romano se estancó el desarrollo y construcción de observatorios, pero luego a partir de 1472 la situación cambio. Pocos años antes de que Galileo apuntara un telescopio por primera vez al cielo (1609), se destinaba una isla danesa para albergar un sofisticado observatorio con los mas avanzados instrumentos de la época para el estudio del cosms, de la mano de uno de los mas grandes observadores del cielo, Tycho Brahe.  Uraniborg (Castillo de los Cielos), como se llamó, fue inaugurado en 1580 pero después de la muerte de Tycho se destruyó en 1601.

Es increíble pensar como un sistema de lentes (y posteriormente espejos) marcaron una gran revolución en nuestra concepción del universo a partir del siglo XVII, y no era par menos, pues significaba pasar de ver a ojo desnudo unos pocos cientos de estrellas a descubrir miles de ellas, planetas, nebulosas, galaxias. Vinieron entonces observatorios destacados como el de Greenwich, el de Paris y en cada uno de los países europeos, en donde se movía la ciencia después del Renacimiento.

En América, el primer observatorio astronómico fue fundado en 1803, y es el Observatorio Astronómico Nacional de Colombia (OAN). Fruto de la Expedición Botánica y encomendado por el naturalista José Celestino Mutis, el OAN celebra esta semana sus 212 años, incorporado desde 1936 a la Universidad Nacional de Colombia.

Hoy la humanidad cuenta con avanzados observatorios en tierra, pero también afuera en el espacio, y dentro de poco verán la luz una nueva generación para seguir descubriendo los secretos que encierra la luz que viaja miles y millones de años para llegar a ser recogida por sus enormes espejos.

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