La estrella demonio y el genio silencioso

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Cuando el universo todavía se imaginaba como un lugar perfecto e inmutable, una estrella en la constelación de Perseo desafiaba esta visión. Era Algol, cuyo nombre deriva del árabe «Ra’s al-Ghūl», que significa «la cabeza del demonio». Los astrónomos árabes la habían bautizado así debido a su ubicación en el cielo, marcando la cabeza de la mítica Medusa que, según la leyenda, Perseo sostiene tras derrotarla. Pero el nombre también reflejaba algo más profundo. Algol parecía comportarse de forma extraña, y su brillo que cambiaba a lo largo de las horas, lo cual despertó la curiosidad de los observadores del cielo durante siglos.

En el siglo XVIII,  John Goodricke, un joven de la ciudad de York en Inglaterra, quedó fascinado por este misterio. A pesar de ser sordo y mudo desde niño, la familia Goodricke pudo costear la matrícula en una de las primeras escuelas para estudiantes sordos ubicada en Edimburgo. El pequeño Goodricke ingresó a los siete años y poco después pudo avanzar a estudios secundarios en una escuela privada con un fuerte enfoque en matemáticas y ciencias.

Tras graduarse en 1781 y regresar a York,  pronto forjó una estrecha amistad con su vecino, el astrónomo Edward Pigott, quien tenía su propio observatorio privado y un creciente interés por las estrellas que cambiaban su brillo. Rápidamente, el joven de 17 años comienza sus observaciones de algunas de estas estrellas, y descubre que la estrella Delta Cephei se atenuaba y brillaba a intervalos regulares. 

Hoy, Delta Cephei da nombre a una clase completa de estrellas variables llamadas cefeidas, y el descubrimiento de Goodricke abrió el camino para investigaciones posteriores, como la de la astrónoma Henrietta Leavitt que descubriría en 1908 que las cefeidas podían usarse para calcular distancias a otras galaxias.

Por su parte, Algol, la famosa estrella demonio, fue otra de las que trasnocharon a Goodricke, Observó que su brillo no cambiaba de manera aleatoria, sino siguiendo un patrón definido. Cada dos días y veintiún horas, Algol disminuía ligeramente su intensidad lumínica para luego recuperarla, como un reloj cósmico funcionando con precisión absoluta. Entonces planteó la novedosa hipótesis de que Algol no era una sola estrella, sino dos, orbitando una alrededor de la otra. Una de estas estrellas, la más brillante, era periódicamente ocultada por su compañera menos luminosa, lo que explicaba las variaciones que se observaban desde la Tierra. 

Aunque no podía confirmarlo con las herramientas de su época, su teoría se demostraría un siglo más tarde gracias a los avances en espectroscopía. Algol es lo que se conoce como un sistema binario eclipsante. Las dos estrellas orbitan a pocos millones de kilómetros de distancia, de modo que vistas desde nuestro planeta parecen una sola estrella.

En la actualidad se sabe que hay una tercera estrella compañera de Algol, que orbita alrededor de la pareja central a una distancia aproximada del doble de la que hay entre la Tierra y el Sol, pero estudios recientes plantean que puede haber incluso otras cuatro estrellas compañeras más.

Goodricke no vivió para presenciar el impacto de su trabajo. Su vida se apagó a los 21 años, probablemente debido a una neumonía contraída tras largas y frías noches de observación. Apenas cuatro días antes de su muerte, había sido nombrado miembro de la Royal Society, una de las instituciones científicas más antiguas y prestigiosas del mundo, noticia que no tuvo tiempo de recibir.

Algol, la estrella demonio, que una vez se creyó un presagio de caos, terminó revelando que el universo es dinámico, cambiante y lleno de misterios por descubrir, y Goodricke, desde su mundo de silencio, supo escuchar las historias que las estrellas tienen para contar.

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