Perdidos en el espacio

En la mayoría de casos, los sistemas vitales de las misiones espaciales son apagados tras cumplir su misión y quedan abandonadas.

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Imagen tomada por Rosetta donde se aprecia al módulo Philae. Agencia Espacial Europea (ESA)

Las misiones espaciales, que llevan detrás años de intensa planeación y cálculos precisos, no están exentas de imprevistos y situaciones inesperadas. Uno de los casos más recientes involucró a un pequeño robot de nombre Philae que se perdió en algún lugar del cometa Churyumov-Gerasimenko.

Philae fue concebido como un viajero a bordo de la sonda Rosetta, y después de una larga travesía finalmente abandonó su hogar por más de diez años, para convertirse en el primer objeto hecho por el ser humano en posarse sobre un cometa.

En vez de caer sobre el sitio establecido y anclarse con sus patas, Philae sufrió una aparatosa caída sobre el cometa el 13 de Noviembre de 2014, rebotando un par de veces sobre su superficie (donde la gravedad es bastante menor que en la Tierra), y quedando “atrapado” en una penumbrosa zanja que se convertiría en su destino final para siempre.

Pese a las dificultades, el robot envío información sobre la composición del cometa durante tres días, antes de entrar en hibernación debido a que sus paneles solares no recibían luz suficiente para asegurar el funcionamiento de sus sistemas.

Hace un año se volvía a recibir señal de vida de Philae, pero fue algo esporádico y finalmente el 9 de julio de 2015 el robot se dio por perdido. La sorpresa fue grande cuando el pasado fin de semana, se pudo dar con el paradero de Philae gracias a una fotografía tomada por Osiris, los ojos de Rosseta, cuando la sonda se aproximó a menos de tres kilómetros de la superficie del cometa. La noticia fue celebrada por los científicos dado que saber su localización ayuda a complementar información e interpretar las imágenes que envió cuando estaba en plena forma.

La historia de naves perdidas en el espacio interplanetario es amplia. En la mayoría de los casos, los sistemas vitales de las naves son apagados luego de cumplir su misión y quedan abandonadas a su suerte. Es famoso el caso del Explorador Internacional Sol-Tierra de la Nasa, lanzado en 1978 para investigar el viento solar, que después de dos décadas se desconectó y quedó a la deriva. Un grupo de aficionados detectó en el 2014 una débil señal del transmisor y se propusieron conocer su estado y rescatar la nave.

En otros casos la pérdida de los aparatos sucede cuando las cosas no salen como estaba planeado. La sonda Beagle 2 fue llevada por la misión Mars Express a Marte, y debía aterrizar a finales del 2003, pero se perdió la comunicación y nunca se supo qué había pasado con ella, hasta que, más de una década después, se reconoció en imágenes de un satélite que orbita el planeta rojo.

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