La vida sin cables

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Acercarnos a la observación del universo, puede impactar de maneras inimaginables a la humanidad. Así le sucedió a John O´Sullivan, un ingeniero eléctrico, parte de una plantilla de mas de 6.000 empleados de CSIRO, la agencia estatal para la investigación científica en Australia.

En la década de los 70, John lideraba un pequeño grupo de radioastronomía, rama de la astronomía a través de la cual se pueden investigar propiedades del cosmos captando la radiación en el rango de las ondas de radio que emiten estrellas en formación, galaxias activas, y muchos otros cuerpos. Las ondas de radio son en realidad luz, pero con un tamaño – longitud de onda – mayor que la luz visible que vemos con nuestros ojos. Ya desde los años 30, se comienza a estudiar las emisiones en radio del universo; primero del centro de nuestra galaxia, y luego del Sol. Este tipo de radiación se detecta con radiotelescopios, instrumentos que generalmente tienen la forma de platos, o con antenas como las que usábamos en los antiguos televisores.

John y su grupo trataban de mejorar la recepción de esas señales provenientes de diferentes rincones del cosmos, eliminando por ejemplo el ruido que introducían las emisiones de la galaxia, cuando se dieron cuenta de una aplicación práctica que podía mejorar hasta mil veces el desempeño del sistema de transmisión inalámbrico local de información (wireless LAN), que era poco práctico y precario en ese momento.

La forma de hacer el sistema mas eficiente era esencialmente dividiendo la señal en “pedazos” para poder transmitirla rápidamente, y luego volver a ensamblarla una vez recibida. El mismo sistema usado para limpiar las señales del cosmos era también perfecto para asegurar que la transmisión de ondas de radio no tuviera interferencias producidas, por ejemplo, por el rebote de señales en las paredes del sitio donde nos encontramos.

En 1996 patentaron su desarrollo, y se abrían las puertas de la tecnología “Wi-Fi”, que seguramente usted estará usando en este momento y que hoy está presente en cerca de 3 mil millones de teléfonos celulares, tabletas, y consolas de juegos, transformando la vida de nuestra actual sociedad tecnológica.

John sigue motivado por el universo y se encuentra trabajando en el SKA (Square Kilometre Array) un mega proyecto de radioastronomía que contará con cerca de 3.000 radiotelescopios de 15 metros de diámetro cada uno, cubriendo un área de un kilómetro cuadrado, y que en la próxima década nos permitirá, entre otras cosas, detectar planetas similares a la Tierra a miles de años luz de nosotros.

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