La mejor película de todos los tiempos

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Con las luces de miles de millones de galaxias y otros objetos del universo, y teniendo la cámara digital más grande del mundo, la acción está asegurada. El protagonista de esta nueva aventura de exploración del cosmos sin precedentes es el Observatorio Vera C. Rubin, que llega este año para convertirse en un revolucionario instrumento que estudiará el universo cercano y no tan cercano. 

Hace casi un cuarto de siglo, cuando se planteó el proyecto, parecía una locura disponer de un ojo espía  que vigilara el firmamento, usando una cámara de tres toneladas y del tamaño de un automóvil, 3200 megapíxeles y la capacidad de generar 800 imágenes cada noche, el equivalente a 15 terabytes de información.

La cima de una montaña a casi 2700 metros de altura al norte de Chile, será el mejor escenario para realizar la que algunos han denominado “la mejor película de todos los tiempos”; una película que en una década contará con cinco millones de fotogramas, o 50 petabytes de información, y cuya trama podría revolucionar nuestra visión del cosmos. Técnicamente, el observatorio Vera, creará el mapa del cielo nocturno más completo que jamás se haya ensamblado, en el cual podremos identificar cambios en el espacio y en la materia. La cámara ya está lista para investigar el universo oscuro, y será llevada desde un laboratorio en California hasta Cerro Pachón. Cuando se instale, estará preparada para comenzar su misión detectivesca en torno a la materia y la energía oscura, dos componentes misteriosos y predominantes en el universo, que desafían a la astrofísica moderna.

La energía oscura fue postulada para explicar por qué el universo está expandiéndose a un ritmo cada vez más rápido, es decir aceleradamente, en lugar de frenar debido a la atracción gravitacional mutua entre las galaxias. La verdadera naturaleza de la energía oscura es desconocida pero constituye un 70% de la composición total del universo. Otro 25% se denomina materia oscura, una forma de materia que no emite, absorbe ni refleja luz, lo que la hace indetectable con los métodos convencionales en astronomía. A pesar de su invisibilidad, ejerce una influencia gravitacional en las galaxias y las estructuras cósmicas a gran escala, y actúa como un «pegamento» que las mantiene unidas. 

El 5% restante, para completar el total de contenido del universo, es la materia que conocemos, la materia ordinaria que conforma entre otras cosas a estrellas, planetas y vacas. La detección directa de esta extraña materia sigue siendo uno de los mayores desafíos de la física de partículas y la cosmología.

Lo que Vera verá, puede darnos las claves para acotar la verdadera naturaleza de la energía y la materia oscura, pero adicionalmente ayudará a visualizar y estudiar otros fenómenos. Por ejemplo, la explosión de estrellas, entre las cuales alguna podría ser una de las 17 mil millones de estrellas en nuestra propia galaxia que observará. Lo sorprendente de las imágenes de Vera, comparadas por ejemplo con las obtenidas con potentes telescopios espaciales como el JWST, es que cubrirán un buen pedazo de cielo. Cada imagen equivale a una porción del cielo siete veces más ancha que la luna llena, teniendo además gran nivel de detalle. El telescopio sería capaz de ver una pelota de fútbol a 120 kilómetros de distancia.

En el universo aún más cercano, Vera estudiará el movimiento de asteroides y cometas, y el cambio en sus posiciones noche tras noche. Trabajará incansablemente para identificar otros posibles planetas nunca antes vistos en nuestro sistema solar y para extraer más información de los millones de objetos en el vecindario que aguardan ser fotografiados.

Luces, cámara, acción.

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