El último viaje del piloto del módulo de mando Columbia que nos llevó a la Luna

El mes de abril nos dejó la triste noticia de la partida del explorador espacial Michael Collins, a sus 90 años. Collins entró a formar parte de la tercera generación de astronautas en 1963 tras completar mas de 4000 horas de vuelo como piloto de pruebas para la Fuerza Aérea, e inició sus viajes espaciales orbitando la Tierra en misión Gemini 10. En su primera misión batió varios récords, uno de altura y el primer astronauta estadounidense en completar dos caminatas espaciales.

En su segunda misión conseguiría la histórica hazaña del primer viaje a la Luna en 1969. Allí nuevamente se quedó orbitando, pero esta vez el satélite natural, dentro de la nave Columbia, luego de que la tripulación se dividiera y sus dos compañeros de viaje descendieran a la superficie lunar. En esos momentos Collins se convirtió en el ser mas solitario de la humanidad, estando por algunos periodos completamente incomunicado debido a la perdida de la señal de contacto con cualquier otra persona, durante el paso de la nave por la cara oculta de la Luna.

Una de sus mayores preocupaciones en este momento, como lo confesó en varias ocasiones, fue regresar solo de vuelta a casa. Afortunadamente eso nunca sucedió, y el 24 de julio de 1969, fue recibido junto a sus otros dos compañeros para escribir una página imborrable en la historia humana.

Poco después del Apolo 11, Collins abandonó la NASA, primero para incursionar en la política, luego como director del Museo Nacional del Aire y del Espacio hasta 1978 y más adelante para comenzar su propio proyecto como asesor en temas aeroespaciales. Durante todo este tiempo sus apariciones en medios fueron contadas y siempre trato de evitar el protagonismo, criticando en múltiples ocasiones la fama y el heroísmo.  Reapareció en varios especiales durante la conmemoración de los 50 años del viaje a la Luna en el 2019, y hasta abrió una cuenta en twitter ese mismo año para tener un contacto mas cercano con las nuevas generaciones, que veían en él a un referente de la exploración espacial, el piloto de mando de la misión que mas lejos ha llevado a ejemplares de nuestra ingeniosa especie.

Nos quedaran sus anécdotas, recopiladas en el que muchos no dudan en describir cómo el mejor libro escrito por un astronauta. En “Llevando el fuego” encontramos sus sentimientos y pensamientos en los momentos en que su vida también se transformaba para siempre mientras cumplía a cabalidad su misión, honrado de ocupar aquel asiento en la misión  Apolo 11; un verdadero piloto espacial con una encomienda que nadie hubiera podido hacer mejor que él.

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