Un genio para la eternidad

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A comienzos del siglo XX, un desconocido personaje nacido el 14 de marzo de 1879 en Ulm, una pequeña ciudad alemana a orillas del Danubio, movía los cimientos de la física y cambiaría para siempre nuestro entendimiento de la naturaleza del universo. En 1905 el joven Albert Einstein era un empleado de la oficina de patentes de Berna (Suiza) a donde había llegado luego de graduarse de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich y no haber logrado encontrar trabajo en la universidad. Einstein acepta el empleo que le ofreció su compañero de clase Marcel Grossmann en la Oficina Federal de la Propiedad Intelectual de Suiza, y trabaja allí de 1902 a 1909.

Durante aquellos años la vida de Einstein experimenta grandes cambios. En 1903 se casa con Mileva Maric, compañera de clase y, para muchos, una gran apoyo y pieza fundamental en su investigaciones en estos primeros años. Al año siguiente tuvieron a su hijo Hans Albert Einstein y en 1905, con escasos 26 años, termina sus estudios de doctorado y publica cuatro trabajos en la revista “Anales de Física” que transformarían muchos aspectos de la ciencia y la tecnología de todo el siglo.

Estos trabajos, conocidos como los artículos del Annus Mirabilis (año milagroso), están relacionados con el movimiento aleatorio de las partículas que se encuentran en un fluido (movimiento browniano), la emisión de electrones por un material debido a la incidencia de luz sobre el (efecto fotoeléctrico), la relatividad especial, y la equivalencia entre la masa y la energía popularizada en su famosa ecuación E=mc2.

Pocos momentos en la historia de la ciencia han sido tan específicos y determinantes para establecer la introducción de un nuevo paradigma, y Einstein lo consigue además trabajando en la física de los pequeño y lo grande. El efecto fotoeléctrico es uno de los primeros experimentos que abrió la ventana al comportamiento atómico de la materia y que nos llevaría al campo de la mecánica cuántica, mientras que la teoría de la relatividad se confirma a grandes escalas, en ambos casos fenómenos alejados de la experiencia cotidiana de un habitante de comienzos  del siglo XX.

Es sorprendente como, a partir de experimentos mentales como imaginar a una persona viajando por el espacio metida en un ascensor, o en escarabajos ciegos recorriendo superficies curvas generadas por la deformación del espacio y el tiempo debido a la enorme masa de las estrellas, Einstein formula la teoría general de la relatividad, que presentaría al mundo en 1915.  Más de un siglo después seguimos maravillándonos con la efectividad de su teoría, que se comprueba una y otra vez. La última gran comprobación tuvo lugar hace solo cuatro años, con el descubrimiento directo de ondas gravitacionales, las llamadas arrugas del universo, que evidencian como el movimiento de los objetos hacen que el espacio y el tiempo se curven.

En poco tiempo sus investigaciones lo catapultan a la fama, principalmente desde 1919 a raíz de la confirmación mediante la observación de un eclipse total de Sol, de su teoría general de la relatividad. Un par de años después es galardonado con el premio Nobel de Física y de allí en adelante se convertiría en un ícono de la ciencia y de la cultura popular, como muy pocos personajes lo han sido. Trabaja como académico en las universidades de Berna, Zurich, Praga y Berlín, hasta que finalmente en 1933 emigra a los Estados Unidos para asumir el cargo de profesor de física teórica el Instituto de Estudios Avanzados en la Universidad de Princeton.

Hasta su muerte, el 18 de abril de 1955, a la edad de 76 años, Einstein se mantuvo activo en la academia, pero también como figura relevante en el contexto mundial de la cultura y la política. Es notable su importante defensa de la paz, y el llamado a esta causa para los dirigentes en tiempos en donde los intereses bélicos y de poder estaban a la orden del día.

La teoría de la relatividad es tal vez lo que mas hemos escuchado hablar del gran genio de la física, aunque lejos de lo que muchos piensan, no establece que “todo es relativo”, sino por el contrario, que las leyes físicas, y de manera destacada la velocidad de la luz, son las mismas en cualquier marco de referencia. Lo que en la época de Einstein no era mas que algo pertinente a la teoría hoy tiene múltiples aplicaciones en nuestro diario vivir. Sin ir muy lejos, los sistemas GPS incorporados en nuestros teléfonos celulares y que nos permiten usar aplicaciones para llegar a nuestro destino, o divertirnos jugando Pokémon Go, reflejan el claro impacto de la teoría de la relatividad en nuestra actual sociedad.

Al celebrarse un año mas del nacimiento de este gran genio de la humanidad que asombró al mundo con el poder creativo de su mente, debemos recordar precisamente hoy, en un mundo inundado con gran cantidad de información, la importancia de promover la creatividad en nuestros niños y jóvenes, ya que como el mismo Einstein lo mencionaba “la imaginación es más importante que el conocimiento, porque el conocimiento es limitado, mientras que la imaginación abarca todo el mundo, estimulando el progreso y dando a luz la evolución”

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